Alimentos encarecidos: cinco formas para hacer que la gente deje de morir de hambre

Todo el que lea esto está sintiendo el pellizco del aumento de los precios.

Para muchas personas que nunca han tocado un ordenador, el encarecimiento de los alimentos es, por decirlo abiertamente, un golpe mortal. Si gastas dos tercios de tus ingresos en alimentos y éstos suben un 50%, la muerte empieza a mirarte fijamente a la cara, a ti y a tus niños.

Piensa en lo que significa no saber cómo vas a encontrar los alimentos que tú y tus hijos necesitarán mañana.

Más de 800 millones de personas, en un mundo de 6.700 millones (aproximadamente, una de cada ocho), hace frente a un porvenir sombrío. Han caído en la trampa del hambre. Por la falta de alimentos, se debilitan, son propensos a caer enfermos, menos capaces de trabajar y obtener ingresos, o de estudiar. Están atrapados en una espiral hacia una muerte temprana. Una muerte innecesaria, porque el planeta produce suficientes alimentos para todos.

Los altos precios de los alimentos implican que muchas más personas compartirán la misma suerte, a no ser que actuemos ya.

Los gobiernos deben asumir la principal responsabilidad para acabar con el hambre. Deben asegurar que las familias más pobres, y especialmente los niños, tengan lo suficiente para comer. Prestaciones a las familias, subsidios por desempleo, cupones por alimentos, almuerzos escolares, ollas comunitarias y tiendas con precios razonables pueden ayudar. Las organizaciones internacionales pueden ayudar a diseñar y financiar estos programas.

Los gobiernos y la comunidad internacional, sin embargo, se mueven demasiado lentos. A menudo es una cuestión de “tarde y mal”. En el peor de los casos, simplemente parece no importarles que la gente muera como moscas.

Pero cada uno de vosotros, viváis donde viváis, puede hacer algo para cambiar esta situación. Pensarás que lo que está a tu alcance es demasiado pequeño y no va a ayudar. Pero si millones de personas ponen su granito de arena, el alcance puede ser masivo.

Éstas son algunas de las cosas que puedes hacer:

1. Comprueba si en tu entorno hay familias cuya salud y vida corren peligro por el aumento del precio de los alimentos. Reúnete con ellas, habla del asunto e intenta encontrar soluciones juntos.

2. Si no puedes resolver tú solo el problema, habla de ello con tus amigos, compañeros de trabajo, o los que van a tu misma parroquia, mezquita o templo. Decide qué es lo que hay que hacer y… ¡hazlo!

3. Si tú o tus padres habéis abandonado vuestro lugar de nacimiento, ponte en contacto con parientes o amigos de tu zona de origen. Comprueba la situación alimentaria local y cómo creen que puedes ayudarles. Esto puede implicar el envío de más remesas, en caso de que puedas, para aliviar la situación.

4. Identifica qué organizaciones de ayuda asisten a quienes pasan hambre en tu país o en otros países. Si ves que lo que están haciendo es positivo, intenta ayudarles. Tal vez puedas ahorrar dinero recortando tus gastos en tu propia comida y bebida, y reduciendo el nivel de alimentos que desperdiciamos, donando así parte de estos ahorros.

5. Comprueba qué está haciendo tu gobierno para amortiguar la subida de los precios de los alimentos. Si crees que no está haciendo lo suficiente o lo correcto, levanta tu voz. Habla con tus amigos, tu jefe, el periódico de tu localidad, tu alcalde, tus representantes en el parlamento. Insiste, y tal vez alguien despertará, te escuchará y hará algo.

Por favor, envía este mensaje a tus amigos, y dinos y diles lo que has hecho. Podrás inspirar a otros con tu ejemplo.

Alianza Internacional Contra el Hambre
 

 
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