Bioversity International

Notre contribution à la résolution du problème de la faim dans le monde

Hambre oculta: calidad, no cantidad

Para ayudar a los 800 millones de personas desnutridas, se invoca a menudo una solución simple: más comida. Sin embargo, la mera producción de más alimentos no resolverá la crisis: es necesario que los alimentos sean saludables, nutritivos, accesibles y culturalmente adecuados; además, el incremento en el consumo de alimentos nutricionalmente pobres y altamente energéticos por parte de las personas pobres está creando nuevos problemas de salud relacionados con la aparición de enfermedades crónicas como la diabetes y las cardiovasculares. Y aún persiste el hambre derivada de la escasez de calorías y proteínas en comunidades rurales y urbanas pobres. Un enfoque que asegure el derecho a una alimentación accesible, nutritiva, saludable y culturalmente adecuada implica el uso pleno de la biodiversidad para apoyar dietas diversas y sanas en todo el mundo.

En los últimos años, ha habido un cambio alarmante en la alimentación alrededor del mundo: denominada ‘transición de la nutrición’, se trata de una tendencia en la que las personas simplifican sus dietas y eliminan la diversidad que había sido tradicionalmente un sólido componente de sus consumos alimentarios. Alimentos básicos refinados y grasas como las que proporcionan el trigo, el arroz y las semillas oleaginosas se han abaratado en países en desarrollo como resultado de subsidios e inversiones agrícolas en unos pocos cultivos básicos para una agricultura que requiere abundantes insumos. Tradicionalmente, las comunidades rurales en los países en desarrollo se han aferrado a dietas que incorporan variedades locales, las cuales son a menudo más nutritivas y diversas que las modernas. En Malí, por ejemplo, se da una asociación entre una dieta variada de frutas y verduras locales y un consumo adecuado de nutrientes como las vitaminas A y C. Cereales africanos como el mijo, la digitaria y el sorgo son nutritivamente más ricos que el arroz y el trigo importados que los han sustituido; sin embargo, la gente ve los cultivos tradicionales como anticuados en comparación con los nuevos y ‘modernos’ alimentos de Occidente. .

Una alimentación sin una nutrición adecuada puede provocar el fenómeno conocido como “hambre oculta”, es decir, la carencia de vitaminas, nutrientes, minerales y otros compuestos funcionales como fenólicos y antioxidantes necesarios para el cuerpo. El hambre oculta puede causar diversos efectos perjudiciales para la salud, incluidos ceguera, anemia, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer, así como un debilitamiento del sistema inmunológico. Aunque hay una tendencia general a relacionar estas enfermedades con los ciudadanos ricos de los países desarrollados, los habitantes de los países en desarrollo con dietas pobres también están en riesgo de padecerlas.

Biodiversity International está generando un importante campo de investigación respecto a las propiedades nutricionales y funcionales de los alimentos tradicionales. Uno de los principales proyectos, patrocinado por el Gobierno de Luxemburgo, es la investigación de las propiedades saludables de una importante selección de bayas mantenidas in situ por el Instituto Vavilov, en Rusia; estas bayas contienen nutrientes, micronutrientes, carotenoides y fenólicos que hacen frente a la creciente incidencia de enfermedades relacionadas con la alimentación. Otro proyecto, patrocinado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), está investigando muchos aspectos de especies marginadas e infrautilizadas en Yemen, Bolivia, Perú y la India. Los resultados han mostrado la gran riqueza y variedad en el contenido nutricional del mijo africano en la India. También en África Occidental, los análisis de las verduras, salsas y condimentos locales que acompañan a los platos típicos, pero cuya contribución ha sido siempre pasada por alto, han mostrado que son un potente cóctel de propiedades saludables.

Cultivos para zonas marginales: beneficiar a los más pobres

No todas las personas viven en zonas en las que los mercados son fácilmente accesibles. En las áreas de montaña, entornos polares o desérticos, el acceso a alimentación comercializada es limitada y el rendimiento de los cultivos tiende a ser bajo; durante miles de años, los habitantes de estas zonas han desarrollado cultivos tradicionales que se han adaptado a los ecosistemas locales y que son vitales para su seguridad alimentaria, pero que han sido marginados por el sector investigador oficial. Un proyecto de investigación de Biodiversity en Turquía encontró que únicamente los agricultores de las zonas montañosas continuaban cultivando el trigo tradicional, no debido a las tradiciones asociadas con éste o con su importante contenido en nutrientes, sino porque se trataba del único cultivo que podía sobrevivir en aquel pobre suelo montañoso. El mismo escenario se da en los llanos salados de Bolivia, donde se vio que la quinua se adapta al riguroso entorno y asegura una fuente de nutrientes a la población local.

Recursos alimentarios para ahora y siempre: mantener los cultivos para adaptarse a las nuevas realidades

En los últimos años se ha visto el desarrollo de nuevos patrones climáticos en la mayor parte del mundo: en algunos sitios ha habido inundaciones sin precedentes, mientras que en otros se han vivido sequías severas como no habían ocurrido nunca anteriormente. Los cultivos que se han adaptado a un área determinada pueden no adaptarse bien a los cambios climáticos que les afectan y es posible que sean necesarias nuevas características para que sobrevivan en las nuevas realidades. Las malas cosechas son una preocupante fuente de inseguridad alimentaria. Las variedades locales tradicionales pueden adaptarse a las situaciones de cambio climático y mitigar futuros riesgos de malas cosechas. Por ejemplo, uno de los principales proyectos de Biodiversity International en la India ha sido la investigación del mijo y sorgo secundarios, los cuales requieren menos agua que el trigo y son un recurso potencial para fortalecer la seguridad alimentaria en Asia meridional.

Pese a algunos inconvenientes, las especies marginadas e infrautilizadas (NUS, siglas en inglés de Neglected and Underutilised Species) mantienen una serie de ventajas en comparación con los cultivos básicos bien asentados. Por ejemplo, son estratégicas en el consumo y los sistemas de producción locales en cuanto fuentes de nutrición, ingresos y mitigación de riesgos para las gentes del lugar; además, también están altamente adaptadas a una variedad de nichos agroecológicos y áreas marginales. La mayoría de estas especies están representadas por variedades locales, ecotipos o especies silvestres, así que cuentan con la ventaja de garantizar la producción en áreas en las que otros cultivos fracasarían. Además, son cultivadas y utilizadas mediante el empleo del conocimiento indígena. Son parte de la identidad de las comunidades locales y representan un bien cultural diverso y único en manos de las personas pobres. Las NUS presentan gustos y prácticas de cocina y procesamiento tradicionales, sumados a otros aspectos del contexto sociocultural de los agricultores más pobres.

Iniciativas de políticas globales para combatir el hambre y la malnutrición mediante la movilización de los beneficios de la biodiversidad:

En abril de 2005, expertos y formuladores de políticas de 25 países tomaron parte en una consulta internacional organizada en la Fundación de investigación M. S. Swaminathan Research Foundation (MSSRF), en Chennai (o Madrás), en la India. Este consenso político revitalizó los esfuerzos por conservar y fomentar el uso de las especies marginadas e infrautilizadas para combatir el hambre y mejorar la salud. Biodiversity International, la Unidad del Fondo fiduciario mundial para especies infrautilizadas (GFU: Global Facilitation Unit for Underutilised species), la MSSRF y el FIDA apoyaron el consenso. La ‘Plataforma de Chennai para la acción’ efectuó recomendaciones para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio que enfatizaron la importancia de las especies marginadas e infrautilizadas en la lucha contra el hambre y la malnutrición. En 2007, la Conferencia de las Partes para el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) llegó a un consenso complementario para incluir una iniciativa global sobre la biodiversidad en la alimentación y la nutrición como una forma de demostrar el valor y la importancia de la biodiversidad en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el combate del hambre y los problemas de salud relacionados con la alimentación. Biodiversity y sus socios están haciendo que los recursos de la biodiversidad mundial conduzcan a la resolución del hambre y la malnutrición.


Para más información, por favor contacte con:
Dr. Pablo Eyzaguirre: Iniciativa sobre la nutrición; p.eyzaguirre@cgiar.org
Dr. Stefano Padulosi: Especies marginadas e infrautilizadas; s.padulosi@cgiar.org
Paul Bordoni: Unidad del Fondo fiduciario mundial para especies infrautilizadas (GFU); p.bordoni@cgiar.org
Para unirse al debate entre académicos, trabajadores de campo, representantes de la comunidad internacional del desarrollo y otras partes interesadas acerca del papel de la biodiversidad en la agenda de la nutrición, diríjase, por favor, a la siguiente dirección:
http://www.bioversityinternational.org/Up_for_Discussion/Biodiversity_and_Nutrition/index.asp

 

 
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